Federico Andahazi, entre la novela del mate y el desafío de la inteligencia artificial

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El escritor y psicólogo Federico Andahazi presentó su nueva novela «El prisionero del yerbatal», una obra histórica centrada en la figura del naturalista francés Aimé Bonpland y su obsesión por la yerba mate, al tiempo que reflexionó sobre el avance de la inteligencia artificial y su impacto sobre la literatura, los derechos de autor y el futuro del trabajo creativo.

La novela reconstruye la historia de Bonpland, el célebre botánico que recorrió América junto a Alexander von Humboldt y que, fascinado por la yerba mate, llegó a Misiones con la idea de desarrollar plantaciones capaces de competir con el monopolio inglés del té. Según relató Andahazi, Bonpland descubrió el secreto para cultivar la planta de manera sistemática, lo que despertó el interés del dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, quien terminó secuestrándolo y obligándolo a trabajar durante diez años en Paraguay.

“Es una historia increíble y muy poco conocida”, explicó el autor, quien destacó además el papel de Adèle, la esposa francesa de Bonpland, que recorrió el continente buscando la liberación de su marido y llegó incluso a entrevistarse con Simón Bolívar y Bernardino Rivadavia. Para Andahazi, resultaba sorprendente que nadie hubiera escrito antes “la novela del mate”.

La charla con el programa «Café con Borra» derivó en otro tema que hoy preocupa: el crecimiento de la inteligencia artificial en el ámbito cultural. El escritor reveló que le tocó participar como jurado de concursos literarios donde detectó numerosos textos elaborados con herramientas de IA. “Las únicas obras bien escritas estaban hechas con inteligencia artificial”, señaló, aunque aclaró que esos textos suelen presentar estructuras repetitivas y “una geometría” que delata el origen algorítmico.

Andahazi advirtió además sobre el uso masivo de inteligencia artificial en redes sociales, medios de comunicación e incluso ámbitos institucionales. “Ya hay proyectos legislativos, fallos judiciales y publicaciones enteras redactadas con IA”, sostuvo el escritor, al tiempo que indicó que la demanda colectiva impulsada por autores internacionales supera los 1.500 millones de dólares.

Lejos de plantear una oposición absoluta a estas tecnologías, el escritor consideró que el fenómeno es inevitable, aunque alertó sobre la falta de discusión política y social acerca de sus consecuencias. “La inteligencia artificial y la robótica van a cambiar por completo la lógica del trabajo y del consumo. El problema es que no sabemos hacia dónde vamos”, afirmó.

Finalmente, reivindicó el valor de la lectura literaria como una herramienta indispensable para conservar el pensamiento crítico y la imaginación humana frente a un escenario cada vez más dominado por algoritmos. “La literatura sigue siendo lo que verdaderamente nos entrena la cabeza”, concluyó.

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