En tiempos de hiperconexión, las pantallas parecen ofrecer una ventana infinita al mundo, pero también exponen a adolescentes y niños a realidades complejas y peligrosas. En una reciente conversación con el psicólogo Gustavo Rodríguez, se abordó la creciente preocupación familiar e institucional frente a los retos virales de internet —como el conocido desafío de TikTok de desaparecer durante 48 horas—, los cuales no solo ponen en riesgo la integridad física y emocional de los jóvenes, sino que además desencadenan costosos y dramáticos operativos policiales innecesarios.
Detrás de este tipo de conductas no hay simplemente un acto de rebeldía o travesura. Desde la psicología, Rodríguez explica que la adolescencia es una etapa de continuos duelos: se deja atrás el cuerpo y la mente de niño para construir una nueva identidad, en medio de una búsqueda frenética de atención y validación. A esto se le suma la conocida «creencia de invencibilidad», esa sensación tan propia de la juventud de que «a mí no me va a pasar nada», lo que lleva a los jóvenes a exponerse a situaciones límite sin medir las consecuencias reales.
Aunque solemos llamar a las nuevas generaciones «nativos digitales», la realidad es que carecen de una educación digital que les permita utilizar la tecnología de forma segura. Fenómenos como el bullying o la soledad están apareciendo a edades cada vez más tempranas, y el aislamiento en el dormitorio junto al uso de pantallas por más de 5 o 6 horas diarias deben encender las alarmas en el hogar. Ante este escenario, la recomendación profesional es clara: los padres no deben temer ser «invasivos». Poner límites sanadores, hacer preguntas cotidianas y ofrecer una presencia atenta y real es el mejor camino para demostrarles a nuestros hijos que nos importan, mucho más allá de un «me gusta» en una red social.
