El origen de una idea revolucionaria Jorge Ernesto O’Don, un hombre sencillo pero genial, conocido internacionalmente por haber ideado el O’Don Assist, una innovadora alternativa para facilitar los partos complicados.
De un truco de taller a las salas de parto La historia de este invento no nació en un laboratorio de alta tecnología, sino en un taller de alineación y balanceo en Lanús. Tras observar a dos de sus empleados realizar un popular truco casero para extraer un corcho atrapado dentro de una botella de vidrio con una bolsa de plástico, O’Don quedó fascinado con la física del mecanismo.
Esa misma noche, tras ganarle una apuesta a su socio ingeniero con el mismo truco, se despertó a las 4 de la mañana con una revelación: el mecanismo de pinza de aire y cinta transportadora podía adaptarse para ayudar a nacer a un bebé atascado en el canal de parto.
Superando a los instrumentos tradicionales Frente a métodos centenarios como el fórceps (con más de 400 años) o el vacuum extractor, el dispositivo ideado por O’Don ofreció claras ventajas médicas:
- Seguridad y suavidad: Carece de partes metálicas o rígidas que puedan lesionar al bebé o a la madre.
- Facilidad de uso: Requiere un entrenamiento mucho menor para el personal médico en comparación con la destreza que exige el fórceps.
- Versatilidad: Representa una solución de bajo costo ideal para zonas con infraestructura médica limitada, como diversos países de África.
Un camino de 20 años de perseverancia El paso de un prototipo casero —hecho con un útero de vidrio simulado— a la práctica médica global no fue sencillo. Jorge acudió primero a los especialistas del CEMIC, donde al principio pensaron que la propuesta de la botella y el corcho era una broma. Sin embargo, tras demostrar su efectividad en simuladores, el proyecto cobró impulso.
A pesar de que el dispositivo demostró una efectividad superior al 85% en las pruebas, el camino comercial estuvo lleno de obstáculos:
- Abandono corporativo: Un laboratorio multinacional congeló el desarrollo durante la pandemia para priorizar la fabricación de insumos de alta demanda como jeringas.
- Rescate en Harvard: Un ex-directivo de la compañía presentó el caso en una conferencia en la Universidad de Harvard. Ante el asombro de los académicos, se creó una nueva sociedad para comprar la patente y financiar su llegada al mercado.
- Falta de desarrollo local: A pesar de los intentos de O’Don por producirlo en Argentina, la falta de infraestructura de investigación en la industria farmacéutica local lo obligó a licenciamiento en Estados Unidos.
Hoy, tras dos décadas desde aquel sueño de madrugada, el dispositivo ya se utiliza en más de 40 hospitales de Europa y se expande a otras regiones, consolidando el impacto global de la inventiva argentina.
