Se llama Inanna, nació en Río Cuarto y combina mecánica, electrónica, programación, robótica e inteligencia artificial. Es el resultado del trabajo final de un grupo de estudiantes de la carrera Técnico Superior en Mecatrónica del ITEC y llegó a los estudios de Rivadavia Río Cuarto y Golden FM para demostrar, en vivo, algunas de sus capacidades.
Maximiliano Medina Rojas y Luz Guzmán, junto a Agustín Debia, Guillermo Tissera y Martina Etchar, desarrollaron el prototipo. El proyecto tomó como punto de partida un diseño de código abierto creado hace unos 25 años por un escultor francés, que luego fue adaptado, reformado e impreso en 3D por el equipo.
“Es un diseño colaborativo 100%”, explicó Medina Rojas, quien destacó el valor del conocimiento abierto para impulsar el desarrollo tecnológico. La construcción demandó alrededor de siete kilómetros de filamento para impresión 3D, unas 30 bobinas y una inversión cercana a los siete millones de pesos, afrontada íntegramente por los propios estudiantes.
Inanna cuenta con cerca de 40 servomotores y un sistema de inteligencia artificial que le permite interactuar mediante lenguaje natural. Durante la entrevista, respondió preguntas de los integrantes del programa, explicó algunas de sus capacidades y hasta identificó a “Maxi” como quien le dio vida y con quien comparte el proyecto. El equipo también trabaja en nuevas actualizaciones, entre ellas la posibilidad de mejorar su portabilidad y manejo desde un teléfono celular.
Pero detrás del desarrollo tecnológico hay también un propósito educativo. Sus creadores buscan demostrar que no existe una edad límite para aprender y que la curiosidad, la dedicación y el trabajo en equipo pueden transformar una idea en una realidad. Guzmán destacó además el impacto que tuvo el proyecto entre los más jóvenes: después de una presentación, una niña de apenas siete años manifestó su deseo de estudiar Mecatrónica.
Presentada oficialmente hace apenas 20 días, Inanna ya comenzó a trascender el ámbito académico y recibió invitaciones para participar en actividades educativas. “Esto es un prototipo y todos los días va cambiando”, señalaron sus creadores, que todavía no imaginan una producción en serie, aunque reconocen que el proyecto generó un impacto mayor al esperado.
Más que un robot, Inanna se convirtió en una demostración concreta de lo que pueden lograr el conocimiento, la tecnología y el trabajo colaborativo cuando se ponen al servicio de una idea.
