En Argentina, el vino ya no ocupa el lugar cotidiano que tuvo décadas atrás. Mientras en los años 70 el consumo llegaba a unos 90 litros por persona al año, hoy ronda apenas los 16. La cifra, que a primera vista puede parecer alarmante para un país vitivinícola por excelencia, refleja en realidad cambios culturales, generacionales y de hábitos de consumo. Así lo explica Marina Di Rocco, comunicadora especializada conocida en redes como @MarinaSommelier .
Formada en la Escuela Argentina del Vino, Marina Sommelier señala a Sin Libreto Modo Selfie que la caída no es reciente ni exclusivamente local: “Fue muy gradual, a lo largo de 40 años, y también se ve a nivel internacional”. Para ella, uno de los factores centrales es que el vino dejó de ser una presencia automática en la mesa diaria. En otras épocas se lo consideraba casi un alimento y formaba parte de la rutina familiar; hoy compite con una oferta mucho más amplia de bebidas.
La especialista marca además un quiebre generacional. “El vino se dejó de heredar”, resume. Antes, los jóvenes veían a sus padres y abuelos tomar vino con moderación y lo incorporaban naturalmente. Las nuevas generaciones, en cambio, se socializan con cerveza, gin u otras bebidas asociadas a salidas nocturnas y fiestas donde el vino no siempre encaja. A eso se suma una mayor conciencia sobre salud, controles de alcoholemia y menor tolerancia social al exceso.
Paradójicamente, mientras baja el consumo interno, crece el prestigio del vino argentino en el mundo. Etiquetas locales obtienen altos puntajes y reconocimiento internacional, con el Malbec como cepa insignia. Sin embargo, Mar advierte que la industria no puede sostenerse solo con vinos de alta gama: muchas bodegas dependen de líneas más accesibles y de mayor volumen.
Frente a este escenario, la sommelier propone observar y adaptarse en lugar de alarmarse. Menciona tendencias globales como vinos más livianos, blancos en alza y opciones de bajo o nulo alcohol, hoy permitidas por la normativa. “No se puede obligar a nadie a tomar vino; hay que acercarlo desde el disfrute y no desde la imposición”, afirma. Desde su cuenta en Instagram (@marinasommelier), trabaja justamente en comunicar el vino de manera simple y amigable, para que más personas se animen a descubrirlo sin prejuicios.

