Crece la demanda social en el Hogar María Madre de Dios y alertan por el impacto de la crisis en jóvenes

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Desde hace más de tres décadas, el Hogar María Madre de Dios en Río Cuarto sostiene una tarea silenciosa pero vital: asistir a personas en situación de vulnerabilidad. Su referente, Marcelino Estefanía, repasó los orígenes de esta obra solidaria que nació en su propia casa junto a su esposa Norma —ya fallecida— y advirtió sobre el crecimiento de la demanda en el contexto actual, especialmente entre jóvenes atravesados por la exclusión y las adicciones.

“Todo empezó compartiendo la mesa con dos abuelos que no tenían qué comer. Desde ese día nunca más cerramos el comedor”, recordó Estefanía a La Mañana Sin Libreto. Lo que comenzó como un gesto familiar se transformó con el tiempo en una red de ayuda sostenida por la comunidad. Con esfuerzo propio primero y luego con el acompañamiento de vecinos, empresas y voluntarios, el espacio fue creciendo hasta convertirse en un hogar que brinda alimentos, ropa y contención a cientos de personas.

Actualmente, el comedor asiste a unas 400 personas por día, muchas de ellas integrantes de familias numerosas o en situación de calle. Según explicó, en los últimos meses se intensificó la demanda y cambió el perfil de quienes se acercan: “Se ve cada vez más jóvenes, de entre 20 y 30 años, sin trabajo, sin estudio y con problemas de adicciones. Es una realidad muy dura”. En ese sentido, remarcó que el consumo problemático no solo afecta a quienes lo padecen, sino también a todo su entorno.

El funcionamiento del hogar se sostiene a través de un esquema comunitario, sin jerarquías formales. “Acá no hay jefes, hay coordinadores. Cada grupo se organiza para cocinar, repartir, limpiar o trabajar en la huerta y el reciclado”, explicó Estefanía, quien destacó el compromiso de unas 46 mujeres que forman parte activa del proyecto. Además, recientemente implementaron un “banquito solidario”, un sistema de ayuda económica interna sin intereses que permite a los integrantes afrontar gastos urgentes, desde una garrafa hasta intervenciones de salud.

De cara al invierno, la preocupación crece. “Lo que más se necesita son alimentos y frazadas”, señaló, al tiempo que invitó a la comunidad a colaborar acercándose al hogar, ubicado en la esquina de Río Tercero y Río Primero. Aunque reciben asistencia alimentaria del Estado municipal, el resto de los gastos se cubre gracias a la solidaridad de la sociedad.

“Hoy se acerca mucha más gente que antes”, concluyó Estefanía. En un contexto complejo, el Hogar María Madre de Dios se consolida como un espacio de contención que, desde la empatía y el trabajo colectivo, intenta dar respuesta donde muchas veces el sistema no llega.

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