«Infoxicación» y salud mental: alertan sobre el impacto del uso excesivo de pantallas

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En un contexto donde la tecnología atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana, el médico psiquiatra Gustavo Zanlungo advirtió ante la consulta de radio Rivadavia Río Cuarto 94.7 FM y Golden FM 107.9 sobre los efectos crecientes de la hiperconectividad en la salud mental y física.

En diálogo con el programa Café con Borra, el especialista explicó que el problema ya no es la falta de información, sino el exceso y la forma en que esta es presentada y consumida. Zanlungo, director del área de Salud Mental de la Clínica Villa Dalcar, señaló que actualmente las plataformas digitales no buscan informar, sino captar y retener la atención de los usuarios.

“La intención es mantenernos conectados el mayor tiempo posible, generando una realidad subjetiva que no siempre coincide con nuestras verdaderas necesidades”, sostuvo.

Según datos recientes, el argentino promedio pasa más de cuatro horas diarias frente a las redes sociales, cifra que se eleva a seis horas en adolescentes durante los fines de semana.

El especialista explicó que esta exposición constante genera un estado de alerta permanente en el cerebro. Noticias negativas, mensajes urgentes y estímulos continuos activan mecanismos de estrés, liberando cortisol y afectando el circuito de recompensa, el mismo que interviene en las adicciones. “El sistema está diseñado para mantenernos enganchados a través del miedo y la amenaza, porque eso es lo que más retiene la atención”, indicó.

Entre las consecuencias más visibles, Zanlungo mencionó trastornos del sueño, fatiga, irritabilidad, dificultades en la concentración y menor tolerancia a la frustración. En adultos, estos efectos impactan incluso en la vida sexual, mientras que en niños y adolescentes pueden derivar en cuadros de depresión, aislamiento y pérdida de habilidades sociales.

“Hay chicos que no logran sostener la atención para leer un texto o interpretar un contenido, no por falta de capacidad, sino por un cambio en el funcionamiento cognitivo”, advirtió.

Además, el profesional subrayó que el impacto no se limita a lo psicológico. “Todo lo que afecta al cerebro impacta en el cuerpo”, explicó, al detallar que el estrés crónico puede derivar en enfermedades metabólicas, alteraciones inmunológicas y otros trastornos físicos. Incluso comparó los procesos de inflamación cerebral con los que ocurren ante una lesión o infección.

En ese marco, Zanlungo hizo hincapié en la necesidad de regular el uso de la tecnología, especialmente en edades tempranas. Consideró clave limitar el acceso a pantallas, fomentar el contacto social real y promover actividades como la lectura y el juego. “El cerebro se desarrolla en la interacción tridimensional, no en una pantalla”, afirmó.

Finalmente, el especialista destacó que el objetivo no es rechazar la tecnología, sino utilizarla de manera saludable. “La tecnología no puede dañar la biología. Si lo hace, estamos frente a un problema que debemos atender ahora, antes de que las consecuencias sean mayores”, concluyó.

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