Inclusión, acompañamiento y el amor de elegirse como familia

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En una mañana fría en la ciudad, con la temperatura marcando apenas 12 grados a pesar del sol intermitente, los estudios de la radio recibieron a dos invitadas especiales: Leila Frangie y su hija, Andrea Abigail Frangie González. La conversación giró en torno a dos ejes profundos: el trabajo diario en la contención de la discapacidad y una historia de adopción atravesada por el destino.

Leila es acompañante terapéutica y propietaria de dos hogares para personas con discapacidad mayores de 18 años. Se trata de instituciones que albergan a pacientes en situaciones complejas, en muchos casos judicializados o bajo su curatela, ya sea por falta de contención familiar directa o por el fallecimiento de sus padres.

Los hogares, ubicados en las calles Mendoza y Perón, funcionan con dinámicas distintas según las patologías de los residentes:

  • Hogar de calle Mendoza: Orientado a pacientes psiquiátricos que requieren una contención específica ante situaciones de crisis o brotes.
  • Hogar de calle Perón: Destinado a residentes con patologías mentales y motrices, con dinámicas más enfocadas en el manejo de convulsiones y rutinas estables.

En ambos espacios se busca que los residentes sientan el lugar como su propio hogar, combinando actividades externas (centros de día, talleres y acompañamientos) con talleres internos de gimnasia, psicología, arte y música. Leila destacó la importancia de un seguimiento médico riguroso y sistemático para garantizar el bienestar y la estabilidad de cada paciente, así como la necesidad constante de supervisión profesional para sobrellevar la carga afectiva del trabajo diario.

Un cruce de caminos inesperado

La segunda parte del encuentro abordó la emotiva historia familiar entre Leila y Andrea. Todo comenzó cuando Leila escuchó por casualidad un programa de radio en un horario habitual fuera de su rutina. En la emisión mencionaban la búsqueda de una familia para una adolescente de 16 años que residía en la Ciudad de los Niños.

Movida por el deseo de ofrecer su hogar, Leila envió un correo electrónico a la convocatoria. Semanas después, el equipo técnico de adopción de Córdoba se puso en contacto con ella. Tras una serie de entrevistas telefónicas, presenciales y evaluaciones en su domicilio, se concretó el encuentro un viernes 13 de junio.

Para Andrea, quien llevaba tres años viviendo en la institución, la noticia llegó por sorpresa mediante una videollamada. Su deseo principal era permanecer en Río Cuarto y mantener el contacto con su entorno. Hoy, a un año de aquel primer encuentro, la rutina familiar se ha consolidado con naturalidad: Andrea cursa el último año del secundario, juega al fútbol y planifica iniciar la carrera de Psicología en la universidad el próximo año.

Al cierre de la charla, se abordó la realidad económica del sector de la salud y la discapacidad, signada por los atrasos en los pagos de las obras sociales privadas. A pesar de los desafíos, la labor diaria de los hogares continúa firme, abiertos a la comunidad para quien desee colaborar a través de talleres o espacio compartido.

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