En una entretenida y profunda charla en el piso, los conductores dialogaron con la psicóloga Florencia Padilla sobre un tema que afecta a muchos en su día a día: la procrastinación. Aunque hoy parezca la «palabra de moda», se trata de un comportamiento humano histórico que se ha visto potenciado en la actualidad debido al contexto y las múltiples distracciones.
1. ¿Qué es realmente la procrastinación?
Lejos de ser una simple enfermedad, la procrastinación es una desregulación emocional que involucra aspectos afectivos, cognitivos y comportamentales.
- Ocurre cuando una persona sabe perfectamente que tiene una tarea o responsabilidad que cumplir, pero decide postergarla de manera sistemática.
- Este aplazamiento constante suele venir acompañado de un fuerte componente de culpa, malestar y remordimiento.
2. El trasfondo emocional: Más allá de la pereza
Muchas veces se confunde la procrastinación con la vaguedad, pero en terapia se descubren razones mucho más profundas.
- Miedos inconscientes: Un claro ejemplo clínico expuesto es el de jóvenes universitarios que, estando a una sola materia de recibirse, postergan la tesis por años. El trasfondo no es la falta de ganas, sino el miedo a la independencia, al cambio de rol adulto o a enfrentar las exigencias del futuro.
- La trampa de la perfección: El deseo de que las cosas salgan «perfectas» paraliza a muchas personas, impidiéndoles dar el primer paso hasta que las condiciones sean ideales.
- Cuando se vuelve patológica: Puede convertirse en un cuadro clínico cuando está estrechamente ligada a la ansiedad, la depresión, la baja autoestima o trastornos por déficit de atención.
3. ¿Cómo dejar de procrastinar? Estrategias prácticas
Superar este hábito requiere un proceso consciente y estructurado. Los especialistas recomiendan las siguientes pautas:
- Hacerse consciente del problema: Asumir la responsabilidad sin caer en la victimización ni echar culpas a factores externos.
- Empezar con pasos pequeños: No ponerse metas inalcanzables. Lo importante es dar el primer paso, aun cuando el resultado inicial no sea perfecto.
- Controlar los estímulos y distracciones: Reducir el uso del celular o elementos distractores y trabajar en bloques de tiempo cortos y focalizados (por ejemplo, intercalando 25 minutos de alta concentración con pequeños descansos).
- Valorar el tiempo: Comprender que el tiempo es el único recurso que no se recupera, lo que ayuda a dimensionar las consecuencias de aplazar decisiones importantes.
Conclusión
La procrastinación no se soluciona de la noche a la mañana, pero entender que detrás de ella operan emociones como el miedo, la culpa o la autoexigencia excesiva es el primer paso para transformarla en acción y recuperar el bienestar personal.
