La delicada situación que atraviesa Fate —Fábrica Argentina de Telas Engomadas— vuelve a poner en debate el presente de la industria nacional. Para Jorge Pérez, titular de Boca Neumáticos -una gomería con 98 años de trayectoria en Río Cuarto y tres generaciones al frente del negocio-, el desenlace no resulta sorpresivo: “Era una muerte anunciada”.
Según explicó el comerciante, en el sector ya se advertía un deterioro sostenido. “En los últimos 10 o 20 años no incorporó la tecnología que sí sumaron otras fábricas. Quedó atrás en calidad y competitividad”, sostuvo. Pérez señaló que, frente a otras marcas que podían ofrecer mayor durabilidad y confort, los neumáticos de Fate presentaban menor vida útil y prestaciones inferiores.
Actualmente, Fate es la única fábrica netamente argentina del rubro. Otras marcas internacionales producen en Brasil o combinan fabricación local y regional. En ese contexto, el ingreso creciente de neumáticos importados —especialmente de origen asiático— incrementó la presión competitiva. “Hay cubiertas chinas buenas y otras que no tanto. El mercado te lleva a tenerlas porque hay consumidores que las buscan por precio”, explicó, aunque aclaró que en su negocio prioriza marcas tradicionales para preservar estándares de calidad.
En cuanto a la histórica diferencia de precios con países vecinos, Pérez afirmó que hoy ya no resulta conveniente viajar a Chile, Brasil o Uruguay exclusivamente para cambiar neumáticos. “La brecha se achicó mucho. Con opciones de financiación y precios más competitivos en el mercado local, ya no se justifica el viaje”, detalló.
Para el sector, la caída de Fate no implica el colapso total de la industria del caucho, pero sí marca el retroceso de un emblema nacional en un escenario cada vez más competitivo y globalizado.

