En el dinámico universo del empleo, pocas voces en Río Cuarto tienen la autoridad de Gustavo Vagnola. Con más de 35 años al frente de la primera consultora de recursos humanos de la ciudad, ha visto de primera mano cómo se transformó radicalmente la relación entre las empresas y los trabajadores. Lo que en sus inicios era un área secundaria, hoy se ha convertido en el corazón estratégico de cualquier organización: el capital humano.
Sin embargo, el panorama actual plantea desafíos inéditos. Por un lado, el desempleo ha crecido de manera innegable a medida que muchas empresas se achican o cierran sus puertas arrastradas por la caída en las ventas. Por el otro, surge una paradoja preocupante: existe una brecha constante entre lo que las empresas buscan y lo que el mercado ofrece. Las organizaciones demandan perfiles con capacitación técnica y un compromiso renovado, aptitudes que hoy resultan difíciles de hallar.
Las barreras de la edad y los perfiles escasos
Uno de los costados más duros del mercado laboral actual es el factor etario. A partir de los 45 o 50 años, las oportunidades de reincorporación se reducen drásticamente, ya que la mayoría de las búsquedas se concentran en el rango de los 25 a los 40 años. Quien queda fuera del sistema a esa edad enfrenta un escenario sumamente complejo si no cuenta con un conocimiento técnico muy específico o una trayectoria independiente.
A nivel regional, la mayor demanda se concentra en el sector comercial y agroindustrial. Sorprendentemente, los puestos que más cuesta cubrir no son siempre los ejecutivos, sino los perfiles técnicos calificados: desde electricistas hasta especialistas en ventas con formación técnica secundaria. Hay vacantes, pero falta oferta preparada para cubrirlas.
La sombra de la Inteligencia Artificial y el cambio en las rutinas
El futuro del trabajo no es una promesa lejana; ya está golpeando la puerta. La irrupción de la Inteligencia Artificial genera una inquietud genuina, especialmente por la rapidez con la que se despliega. A diferencia de transformaciones pasadas que afectaron principalmente al trabajo físico, la IA promete reestructurar el trabajo de la clase media formada, impactando en tareas administrativas, operativas y repetitivas.
A la par de estos avances tecnológicos, las modalidades de trabajo también buscan su propio equilibrio. Aunque el home office tuvo su gran auge durante la pandemia y luego comenzó a replegarse hacia sectores puntuales como la tecnología, lo que sí llegó para quedarse en la industria es el horario corrido.
Permitir que los trabajadores concluyan su jornada alrededor de las cinco de la tarde para disponer de tiempo personal y familiar se ha convertido en una prioridad. Aunque el comercio aún muestra cierta resistencia por la dinámica propia de la zona, los estudios de mercado y la tendencia general indican que la búsqueda de calidad de vida terminará imponiendo este esquema de manera irreversible.

