Adrián Sasso y Dalma Alaniz: boxeo, disciplina y una puerta abierta para cambiar vidas

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Adrián “Junior” Sasso y Dalma Alaniz representan dos generaciones y recorridos diferentes dentro del boxeo de Río Cuarto, pero comparten una misma mirada sobre la disciplina: detrás de cada entrenamiento y cada pelea hay también una oportunidad de crecimiento personal. Ambos participaron de una charla en la que repasaron sus carreras, el esfuerzo cotidiano y el rol social que cumple el boxeo en la ciudad.

Sasso lleva el boxeo prácticamente desde la cuna. Su padre, sus abuelos y otros integrantes de su familia estuvieron vinculados al deporte, por lo que comenzó a frecuentar el gimnasio desde muy pequeño. “Tengo noción de que desde los dos o tres años mi papá me lleva al gimnasio, que ando entre los grandes, me pongo los guantes y le pegaba a la bolsa”, recordó. Esa cercanía terminó convirtiéndose en una pasión que sostiene hasta hoy.

La rutina de “Junior” refleja el nivel de compromiso que exige el alto rendimiento. Entrena de lunes a sábado y sus jornadas comienzan a las 6 de la mañana. Tiene un primer turno físico, luego desarrolla tareas en el gimnasio que comparte con su padre, se ocupa de sus hijos y por la tarde regresa a entrenar boxeo durante dos horas, antes de continuar trabajando con sus alumnos hasta entrada la noche. “Vivo dentro del gimnasio”, resumió.

Actualmente, junto a su padre, está al frente de un espacio por el que pasan entre 200 y 250 alumnos. Allí conviven quienes buscan competir y desarrollar una carrera deportiva con personas que se acercan simplemente para practicar la disciplina. Para Sasso, esa estructura es fundamental y requiere no solamente boxeadores, sino también formadores, promotores y acompañamiento económico e institucional.

Alaniz, en tanto, comenzó a pelear a los 15 años y ya lleva alrededor de nueve años vinculada al boxeo. Además de entrenar y competir, cumple un rol como profesora en distintos Centros Integradores Comunitarios, donde brinda clases gratuitas de boxeo recreativo. “Son lugares en donde los chicos pueden ir y hacer boxeo recreativo gratuito”, explicó. Entre los espacios mencionó el ex Matadero, el SIC del Obrero y Ciudad Nueva, en Cuatro Asientos.
Para ambos, esa dimensión social es una de las grandes fortalezas del deporte. Sasso sostiene que abrir un gimnasio no significa solamente ofrecer un lugar para entrenar, sino generar una alternativa para chicos que atraviesan situaciones complejas. Recordó casos de jóvenes que llegaron al gimnasio en contextos de vulnerabilidad, consumo o conflictos y que, a partir de la disciplina, pudieron modificar sus vidas. “Gracias a abrirme las puertas del gimnasio, gracias al deporte y a la disciplina, mi vida cambió”, relató que le dijeron algunos de ellos.

En lo deportivo, ambos esperan volver a competir antes de fin de año, aunque todavía no tienen una fecha confirmada. Alaniz busca una nueva oportunidad después de un período de reconstrucción de su carrera, mientras que Sasso lleva más de un año sin subir al ring y mantiene la preparación a la espera de una propuesta. El boxeador riocuartense, que dejó vacantes los cinco cinturones que había conseguido debido a su inactividad, asegura que su objetivo es recuperarlos y volver a buscar desafíos internacionales. “Representar mi bandera es lo más hermoso que hay”, afirmó.

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