Descenso de natalidad en Río Cuarto: «Hoy el proyecto promedio es un solo hijo por mujer»

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En los últimos diez años, los nacimientos se han reducido a la mitad, una tendencia que ya impacta de lleno en los servicios esenciales, la economía y el sistema educativo de la región. Para analizar esta realidad, la licenciada en obstetricia y matrona Soledad Acosta compartió su visión tras completar una guardia de 24 horas.

Un cambio de época en las salas de parto

El reflejo de las estadísticas nacionales y locales se observa a diario en los centros de salud. Durante su última guardia, Acosta registró apenas dos nacimientos, una cifra muy distante de las de décadas anteriores.

«Hace 25 años era imposible conseguir banco en las escuelas para niños de 4 años; hoy vemos cómo cierran divisiones y jardines maternales por la baja demanda.» — Soledad Acosta.
Las causas detrás del fenómeno

La especialista señala que la disminución responde a múltiples factores sociales, culturales y económicos:

Postergación de la maternidad: Desarrollo personal, profesional y metas de pareja.


Acceso a salud reproductiva: Consultas ginecológicas autónomas desde los 13 años y métodos anticonceptivos garantizados por el Estado.
Interrupción legal e intencional del embarazo: Implementación de la normativa y su impacto en la planificación.
Nuevas configuraciones familiares: Un aumento de familias monoparentales y un deseo creciente de tener un único hijo.


La reducción del embarazo adolescente

Uno de los aspectos más destacados de este escenario es la caída drástica de los embarazos no intencionales en adolescentes. Acosta atribuye esta reducción a una combinación entre mayor concienciación, accesibilidad a métodos anticonceptivos y la disponibilidad de asesoramiento médico.Detrás de la sala de parto: miedos, mitos y la transformación del nacimiento


Cruzar la puerta de un quirófano o una sala de partos siempre implica enfrentar lo desconocido. Incluso para quienes dedican su vida a recibirla, la llegada de un hijo despierta emociones viscerales. Así lo refleja Soledad Acosta, licenciada en obstetricia, quien al recordar su propia vivencia como madre reconoce que, al momento de dar a luz, la teoría profesional queda en segundo plano y emergen la misma incertidumbre y el mismo temor que experimenta cualquier otra mujer.


En los últimos años, el escenario del nacimiento ha cambiado radicalmente. Acosta señala un aumento notable en la elección de cesáreas, un fenómeno impulsado en gran medida por la falta de información oportuna y el miedo al dolor. Frente a esto, el marco del Parto Respetado busca devolverle la calma y el protagonismo a la familia: hoy en día, prácticas como la musicoterapia, la aromaterapia y el derecho inalienable a estar acompañada por la pareja o un referente emocional transforman la experiencia en un ambiente de mayor contención. En este proceso, resalta la evolución del rol masculino, con acompañantes cada vez más comprometidos y presentes en la contención física y emocional de la gestante.


Sin embargo, la búsqueda de un parto humanizado no debe perder de vista la seguridad médica. La especialista sienta una postura firme en contra de los partos domiciliarios sin la asistencia o la infraestructura adecuada, advirtiendo sobre los imponderables y emergencias que pueden surgir en cuestión de minutos y que requieren atención hospitalaria inmediata.


El ámbito de la obstetricia también convive con la cultura popular y la ciencia. Mientras desmitifica viejas creencias urbanas —aclarando que ni la alimentación ni el pH vaginal influyen en la determinación del sexo del bebé—, Acosta comparte rituales culturales fascinantes. Entre ellos, la tradición de familias bolivianas que solicitan llevarse la placenta a su domicilio para realizar giros con ella como símbolo de continuidad familiar. Desde el plano científico, aclara que la recolección de sangre del cordón umbilical y placenta responde a fines médicos muy específicos, como el tratamiento de leucemias o avances en odontología, diferenciando la preservación celular del uso de la placenta en sí.

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