La actualización de la Ley de Semillas volvió a instalarse en la agenda del sector agropecuario y plantea un debate en torno a cómo reconocer la inversión en investigación y desarrollo tecnológico sin afectar el derecho de los productores al uso propio. Para Marcos Blanda, secretario de Agricultura y Recursos Naturales dentro del Ministerio de Bioagroindustria, el desafío central pasa por encontrar mecanismos que permitan establecer reglas claras para toda la cadena.
Blanda explicó que la discusión se concentra principalmente en tres aspectos: la retribución económica para quienes desarrollan nuevas tecnologías y genética, el uso propio que realizan los productores y la fiscalización de todo el proceso. “Quien investiga, quien invierte en el desarrollo, obviamente quiere tener un reconocimiento a esa investigación para seguir investigando”, señaló.
Según el especialista, la legislación vigente ya contempla el reconocimiento a los obtentores, el uso propio y la fiscalización, pero requiere una actualización que permita hacer más efectivos esos mecanismos. En ese sentido, recordó que hubo intentos de modificar la normativa, incluso en 2015, aunque el principal punto de desacuerdo continúa siendo cómo instrumentar esos cambios.
Uno de los aspectos más sensibles es precisamente el uso propio. Las entidades agropecuarias plantean la necesidad de preservar ese derecho y establecer con claridad hasta dónde puede extenderse. A esto se suma la discusión sobre la fiscalización: mientras se plantea la necesidad de mejorar los controles, también existe debate respecto de si esa tarea debe permanecer exclusivamente en manos del Estado o incorporar mecanismos privados.
Para Blanda, existe un punto sobre el cual no hay grandes diferencias: la necesidad de reconocer la inversión y la innovación tecnológica que permitió incrementar la productividad. “También es lógico el reconocimiento y la posición del productor de este derecho del uso propio y poder tener una fiscalización acorde a lo que significa este desarrollo tecnológico”, sostuvo.
El debate se produce además en un contexto económico complejo para el productor. Blanda advirtió que, mientras se le pide incorporar y reconocer nuevas tecnologías para mejorar su productividad y competitividad, también debe afrontar otros componentes de su ecuación económica, entre ellos las retenciones.
En paralelo, el escenario productivo cordobés atraviesa dificultades vinculadas al clima. Según explicó, las condiciones de humedad y madurez del grano generaron demoras en la cosecha de los maíces tardíos, con consecuencias potenciales tanto sanitarias como en la etapa de poscosecha y en la calidad final del grano.
Blanda también destacó el rol de las exposiciones agropecuarias y encuentros tecnológicos como espacios para acercar innovación y conocimiento a las distintas regiones. En ese marco, anticipó el acompañamiento del Ministerio en la Agtech Week de Río Cuarto, que se desarrollará esta semana, como parte de una agenda orientada a mostrar herramientas capaces de potenciar la producción y mejorar el aprovechamiento y la eficiencia de los recursos naturales.
