Hilario Baggini: música, identidad y caminos propios desde el sur cordobés

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La música como relato, como viaje y como identidad atraviesa la obra del músico y compositor Hilario Baggini, quien continúa construyendo un camino artístico singular desde su regreso a Córdoba, luego de casi dos décadas de trayectoria internacional. En diálogo con La Mañana Sin Libreto, el artista repasó su historia, sus proyectos actuales y las dificultades de hacer cultura desde el interior.

Uno de los recuerdos más vívidos que compartió fue la grabación de “La niña de ojos tristes”, realizada casi de manera improvisada en medio de una nevada en Alpa Corral. “No lo ensayamos casi. Fue llegar y grabar en vivo, en un vagón con una vista impresionante”, evocó. Esa impronta espontánea y profundamente ligada al territorio se repite en su obra, donde cada canción encierra historias, paisajes y experiencias que invitan a recorrer la región a través de los sentidos.

Tras 17 años de giras por Europa —con presentaciones en países como Italia, Alemania, Rusia y España, e incluso actuaciones para figuras como Umberto Eco y Diego Armando Maradona— Baggini decidió regresar a su pueblo natal, Alcira Gigena. “Sentí que la mochila estaba llena. Había hecho mucho, pero no quería ‘llegar’ a ningún lado”, explicó el artista.

Sin embargo, el retorno implicó empezar de cero en un contexto que, según describió, presenta obstáculos para el desarrollo artístico independiente. En ese proceso de reinvención, el músico profundizó una búsqueda centrada en lo local: la identidad cultural, los sonidos regionales y la valorización del territorio. Inspirado en experiencias europeas, impulsa proyectos que rescatan lo propio, como La Banda Agraria y las caminatas musicales, donde combina naturaleza, historia y arte. Estas últimas, que ya suman más de 60 ediciones, convocan a decenas de personas y se consolidan también como una propuesta turística alternativa.

Baggini también destacó su trabajo con la llamada “economía circular”, construyendo instrumentos a partir de materiales reciclados recogidos en sus recorridos. Esta práctica, además de creativa, funciona como una crítica social: “Es una cachetada dulce, una forma de mostrar lo que pasa con la basura y generar conciencia”, señaló.

A pesar del reconocimiento internacional y de haber sido nombrado embajador cultural en la región, el artista expresó su frustración por la falta de oportunidades locales. “No es fácil. A veces no te llaman, cuesta entrar en los espacios”, admitió, aunque aclaró que elige mantenerse al margen de disputas políticas y continuar apostando al trabajo autogestivo.

De cara a lo que viene, Baggini anticipó nuevas caminatas musicales y proyectos educativos, además de un posible regreso a Europa. Mientras tanto, sigue apostando a una construcción artística basada en la identidad, el territorio y la conexión directa con el público: una propuesta tan auténtica como desafiante en el escenario cultural actual.

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