El coach ontológico Gustavo Rubíes visitó los estudios de radio Rivadavia Río Cuarto y abordó una problemática cada vez más visible: el vacío existencial en la vida cotidiana. Lejos de tratarse de una patología específica, explicó que se vincula con una crisis de sentido que atraviesa a personas de todas las edades y contextos sociales. “Vivimos apurados, como si estuviéramos corriendo una carrera sin saber bien hacia dónde vamos”, sintetizó en el programa Café con Borra.
Rubíes definió el coaching ontológico como un acompañamiento que busca “desbloquear” a las personas para que puedan reconectar con sus objetivos y su propósito. En ese marco, aclaró que su enfoque no reemplaza a la psicología ni a la psiquiatría, sino que trabaja sobre el “ser” en profundidad, ayudando a formular preguntas clave. “La vida no viene con un sentido de fábrica, hay que construirlo”, afirmó.
Según el especialista, quienes atraviesan este tipo de crisis suelen experimentar incomodidad, desmotivación o una sensación persistente de vacío, incluso cuando tienen trabajo, familia y estabilidad. “Llega gente que dice ‘tengo todo, pero me falta algo’ y no sabe ponerle nombre. Ahí empieza el proceso de búsqueda”, explicó. En muchos casos, ese malestar aparece tras años de rutina o decisiones tomadas sin cuestionamiento previo.
Uno de los ejes centrales de su mirada es el concepto de propósito, que puede pensarse —según explicó— como la intersección de cuatro dimensiones: aquello que una persona ama hacer, lo que se le da bien, lo que el mundo necesita y por lo que puede recibir una retribución económica. “Cuando esas cuatro patas se unen, aparece la razón de ser, eso que te impulsa a levantarte todos los días”, indicó.
Consultado sobre si se trata de un fenómeno ligado a sectores con mayor poder adquisitivo, Rubíes fue claro: “No tiene que ver con la plata. Podés tener mucho dinero y sentirte profundamente angustiado, o tener poco y estar en paz”. En ese sentido, sostuvo que la búsqueda de sentido es transversal y que el desafío actual pasa por detenerse, cuestionarse y animarse a tomar decisiones que conecten con lo que cada uno verdaderamente desea.
“Somos una única pieza por una única vez”, concluyó. En un contexto marcado por la velocidad, el consumo y la exigencia constante, la invitación —según el coach— es a frenar, hacerse preguntas y construir una vida con mayor coherencia entre lo que se hace y lo que se siente.

