En una reciente emisión, Daniel Carunchio, especialista en tanatopraxia con una trayectoria familiar y comercial de 40 años en el sector fúnebre. Durante el encuentro se desaterraron los mitos, la historia y la importancia profesional detrás de una disciplina esencial y poco conversada.
¿Qué es y qué hace un tanatopractor?
Dentro del ecosistema funerario, es común confundir roles. Carunchio realizó una distinción fundamental para entender el proceso:
- Tanatólogo médico: Se aboca al acompañamiento de las enfermedades terminales y al proceso previo al «buen morir». De la mano de esta figura opera el director funerario (post mortem), quien coordina los ritos, homenajes, trámites y la logística general del sepelio.
- Tanatopractor: Es el especialista encargado de la conservación, higiene y descontaminación del cuerpo. Su objetivo es neutralizar cualquier foco de infección derivado del proceso natural de descomposición, logrando que el difunto pueda ser presentado en condiciones sanitarias y estéticas óptimas para la despedida.
De los métodos antiguos a un cambio de paradigma
La empresa familiar de los Carunchio opera desde 1964. En sus comienzos, el foco comercial se limitaba a la infraestructura administrativa, las salas velatorias y la atención a los deudos. Sin embargo, un punto de inflexión llegó de la mano de Luis Fernando Arango Madrid (director de la Funeraria San Vicente en Medellín, considerada la número uno de Centroamérica), quien le transmitió una visión transformadora: el actor principal de la ceremonia es la persona fallecida.
Mientras que históricamente en Argentina se recurría a métodos rudimentarios (como el uso de café para disimular aromas), la tanatopraxia moderna implementa técnicas químicas no invasivas. Estas consisten en sustituir los fluidos sanguíneos por soluciones germicidas, conservantes, fijadores y colorantes. El resultado es un cambio drástico en el aspecto visual y una experiencia de despedida mucho más humana y serena para la familia.
El marco legal y la realidad de los cementerios
La práctica funeraria no ocurre en un vacío legal; se rige por normativas estrictas de salubridad:
- Límites temporales: En el país no existe un marco que habilite la conservación prolongada de cuerpos fuera de los cementerios oficiales, cuyos espacios suelen concederse bajo regímenes de arrendamiento (renovables cada cinco años).
- La prohibición del embalsamamiento domiciliario: Realizar este tipo de procedimientos en propiedades privadas, campos o quintas está prohibido por ordenanzas históricas (que datan aproximadamente de 1948). Por cuestiones de trazabilidad y sanidad pública, los restos deben descansar en cementerios autorizados.
Formación profesional: una salida laboral en crecimiento
Lejos de requerir extensos años de estudios tradicionales, la disciplina ha experimentado un auge notable en su matrícula:
- Cursada: Se trata de una diplomatura orientada a tecnicaturas de unos seis meses de duración (equivalentes a unas 2.400 horas cátedra).
- Requisitos: No exige título universitario previo ni conocimientos médicos; solo se requiere ser mayor de edad y haber completado el ciclo secundario.
- Institución: Se dicta de manera virtual a través de la Universidad Maimónides —con instancias presenciales y prácticas intensivas en Buenos Aires— y se extiende mediante capacitaciones por todo el territorio nacional (con fuerte presencia en Córdoba, Mendoza y Buenos Aires).
- Contacto institucional: @tanatopraxiacarunchio.
Mitos y realidades de la práctica profesional
- Los tiempos del procedimiento: Preparar un cuerpo demanda un promedio de dos horas y media ante una muerte natural, y entre cuatro y cuatro horas y media si se trata de decesos violentos derivados de la morgue judicial. Invertir este tiempo garantiza que el cuerpo pueda ser velado durante semanas sin alteraciones, facilitando la llegada de familiares desde el exterior.
- Cajón abierto o cerrado: Salvo por normativas que exigen cajones herméticos metálicos ante cuadros infectocontagiosos graves, la decisión sobre el tipo de velatorio recae enteramente en la voluntad de la familia, desterrando mitos sobre imposiciones de las empresas fúnebres.
- Reconstrucción facial: La labor va mucho más allá de la desinfección; incluye un trabajo artesanal de reconstrucción ósea y estética para reparar secuelas de accidentes o situaciones complejas previas.
Donación de cuerpos a la ciencia: un acto de solidaridad final
Uno de los puntos más sensibles de la charla fue la marcada escasez de material cadavérico destinado a la investigación y formación en las universidades. Para dar respuesta a esta problemática sin sumar una carga económica a los deudos, existen programas de donación a la ciencia:
- La empresa funeraria asume de forma gratuita los servicios de preparación y velación.
- El cuerpo es cedido con fines académicos para la formación de las futuras generaciones de profesionales de la salud.
- Al cumplirse el plazo de un año, las cenizas son restituidas a la familia, fusionando un último adiós solidario con un legado invaluable para la medicina.
